Ser Mapuche en Santiago
ENTREVISTA DE AZKINTUWE A ENRIQUE ANTILEO
Domingo 21 de febrero de 2010, por // Entrevistas
Fuente: azkintuwe.org
Según el último Censo de Población, en Santiago de Chile residen 180 mil Mapuche, cerca del 30 % de la población total de Gulumapu. Enrique Antileo es uno de ellos. Joven antropólogo, ha investigado sobre esta realidad y llegado a interesantes conclusiones. Lo entrevistamos en el cemento de la urbe capitalina.
Por Wladimir Painemil
Enrique Antileo es un joven antropólogo, miembro de la organización urbana Meli Wixan Mapu desde hace 9 años. Su familia es migrante, viven en Santiago pero son originarios de un sector rural de Los Álamos, en Wallmapu. Ha estudiado en los últimos 3 años la situación Mapuche en la capital chilena, la ha observado desde diversas aristas y llegado ha algunas conclusiones. Azkintuwe conversó con Antileo respecto de esos estudios y del rol de los profesionales Mapuche en la lucha de un pueblo.
- La realidad urbana es algo que no se puede obviar al hablar de los Mapuche en Chile. ¿Qué nos puedes comentar?
A nivel de datos debemos detenernos en el tema censal, hay una diferencia significativa entre los censos del año 1992 con aquel del 2002, fundamentalmente por la pregunta. En el año 92’ se preguntó “a qué cultura pertenece” y en el año 2002 se preguntó “a qué pueblo indígena pertenece”. Ese juego conceptual generó distorsiones en los datos. En el año 92’ teníamos una cifra de población Mapuche en Santiago de un 44%, lo cual era bastante alto. En el año 2002 se vuelve a un escenario más real y que dice que en Santiago vive cerca del 30% del total de la población Mapuche, 292 mil personas aproximadamente. Desde mi perspectiva es una cifra más real. El rango etareo de esta población es diverso, pero podemos hablar de cuatro generaciones de familias que están asentadas ya en Santiago. Podemos hablar también de las condiciones socioeconómicas de esta población, la caracterización de la pobreza, de la residencia en sectores periféricos, de la inserción laboral en la construcción, el empleo doméstico, son varios los elementos a considerar.
- Cómo se relaciona esta población con las organizaciones Mapuche que existen en Santiago.
No todos están vinculados a la dinámica de las organizaciones. Aquí hay que hacer una entrada histórica, es lo que hemos dilucidado con otros hermanos que han reflexionado al respecto, Felipe Curivil, Ana Millaleo que son intelectuales que han surgido desde Santiago. El primer punto es revelar que las organizaciones Mapuche surgen en Santiago en la década de los 30’, con la sociedad Galvarino. Ya en la década del 30’ existían organizaciones, pero eso no quiere decir que haya existido un movimiento, esa es mi tesis. Curivil tiene la tesis que entre los 50’ y 70’ las organizaciones Mapuche se insertan en el marco de los sindicatos, principalmente panificadores. Él hace visible esa experiencia de vida de personas hablantes de mapuzugun, con trayectoria en comunidad, que llegan a Santiago y que se insertan en el mundo sindical. El relato y la memoria de esos migrantes nos permite vislumbrar como se organizaban los Mapuche en esos tiempos. Por otro lado Ana Millaleo hace una investigación importante sobre las organizaciones Mapuche en los 80’, en contexto de dictadura. Y sin duda el crecimiento sustantivo de las organizaciones se da en los 90’. A comienzos de los 90’ habían una seis organizaciones, hoy podemos hablar de más de un centenar.
- ¿Cuál es el perfil de estas organizaciones en la capital?
Las organizaciones obedecen a distintos escenarios y motivaciones por las cuales se forman o se deforman, se destruyen o se crean. El rol del estado es muy significativo en este sentido, sin dinero del estado la plataforma social Mapuche podría verse derrumbada con facilidad. El sustento está dado desde el estado desde mi perspectiva. Las únicas organizaciones que están fueran de este marco son aquellas más políticas que tienen un discurso autonómico y etnonacionalista. Esas organizaciones son las que se extrapolan desde ese escenario, pero el resto obedece a la lógica etnificadora del estado. Desde esa perspectiva yo hago esa distinción, entre organizaciones culturales que funcionan en base a incentivos que ofrece el estado y organizaciones políticas con un discurso más autónomo.
- Teniendo esto en cuenta, ¿cómo se canaliza la participación política en la región metropolitana?
En distintos ámbitos, uno de los que me ha tocado investigar es la participación electoral. Hay varios artículos sobre participación electoral en el Wallmapu. Por mi parte quería saber que pasaba con la partición política Mapuche en Santiago y ver si existía realmente participación Mapuche electoral. Hicimos un recorrido en las elecciones del 92’ hasta el 2008 buscando a los candidatos por el criterio de apellidos. Hicimos algunos gráficos que permitían decir que hay una curva ascendente de candidaturas Mapuche, desde el 92’ hasta ahora, partiendo con menos de 20 y llegando a 45 candidatos en 2008. Ahora las motivaciones de estas candidaturas son un punto donde tenemos que colocar mayor perspicacia política. De estas cinco elecciones, la que tiene un contenido político Mapuche, más o menos claro en los discursos y los documentos, es la del 2008. De estos 45 candidatos, hay al menos 5 que participan con la perspectiva de posicionar el tema Mapuche en los municipios, cuestión que en Santiago no se había visto antes. Y que tiene que ver con las lecciones que da la participación Mapuche electoral en el sur. Allí en varias elecciones los Mapuche vienen tratando de copar esos espacios, tratando de generar procesos autónomos en algunos casos y en otros ligados a partidos, pero en Santiago ello no se había dado hasta el 2008, donde la participación iba en términos de un partido chileno y con candidatos con una conciencia individual más que colectiva.
- ¿Es relevante el voto Mapuche a nivel de las comunas metropolitanas?
La respuesta es no, porque no representa un sector poblacional alto. No se da la posibilidad de que obtengan un número de votos relevante. Se puede pronosticar que en las próximas elecciones habrán más candidatos Mapuche, incluso con estrategias electorales mucho más enriquecedoras a partir de la experiencia pasada, donde hubieron hechos interesantes. Por ejemplo, se formaron en algunos casos pequeños comandos que buscaron aportar a las campañas, que se basaban en temáticas Mapuche, pero estaban dirigidas a la población en general.
- ¿Un discurso centrado en lo étnico puede ser factor de baja votación?
Es una de las causas, porque efectivamente a nivel del voto ciudadano colectivo, el tema étnico en las comunas de Santiago no tiene notoriedad. Obviamente hay que ir comuna por comuna, aunque hay algunas con mayor presencia étnica, como Cerro Navia, pero tampoco allí los candidatos Mapuche obtuvieron muchos votos.
- ¿Cuál seria la lectura entonces, que los Mapuche no votan por Mapuche?
Independiente de la cantidad de población Mapuche, ni los Mapuche ni los chilenos votan por Mapuche hoy en día, porque el tema étnico no se ha instalado. Aun así es un camino político que han explorado los Mapuche en Santiago. Otros tienen que ver con posicionamientos a nivel gubernamental o a nivel de gobierno local donde algunos Mapuche han logrado instalar oficinas. Otros caminos tienen que ver con la participación política autónoma, un discurso más etnonacionalista, que me parece interesante aunque es minoritario todavía.
- Estas experiencias de participación política, ¿cómo se conectan con la lucha Mapuche en general?
El movimiento Mapuche debe resolver cómo pueden contribuir los Mapuche que viven en Santiago a una lucha reivindicativa mucho más amplia. Y desde mi perspectiva, yo creo que el movimiento no tiene ninguna claridad respecto de eso. Te lo digo con conocimiento de causa porque lo investigue en mi tesis de antropología. Algunos sectores tienen sus propias ideas, pero no hay un conjunto o cúmulo de ideas respecto de qué hacer con la gente que vive en Santiago y lo que debe hacer esta gente en un proceso de lucha mayor. Por lo mismo, el movimiento Mapuche en Wallmapu mira incluso con cierto recelo a las organizaciones de Santiago, porque no tiene muy claro cuál es su rol y porque además está presente la mirada antigua respecto de que el Mapuche que se va a Santiago se termina “awinkando”, chilenizando. En teoría, al awinkarse se mimetiza con el otro, deja de ser Mapuche y deja de luchar por sus derechos. Existe esta mirada.
- ¿No observas algún cambio respecto de esta mirada “antigua”?
Sin duda que se han abierto puertas y han surgido temáticas relevantes, como aquella “del retorno”, la conceptualización de los Mapuche que están fuera de Wallmapu como una “diáspora”, esto último adoptado por algunos intelectuales, sin embargo, nada de esto ha adquirido cuerpo en términos de un programa político, de una planificación a largo plazo. Incluso desde los Mapuche de Santiago, la pregunta que debiera resolverse es cómo seguimos una lucha en torno al tema Mapuche en nuestra realidad urbana, a 700 kilómetros de Wallmapu. Esa es la pregunta que debe resolver la gente acá en Santiago.
- ¿Cuáles son las perspectivas al respecto?
Creo que las perspectivas son dos, una que está orientada hacia lo cultural y con la posibilidad de seguir viviendo en Santiago y no por ello dejar de ser Mapuche. La otra perspectiva esta orientada hacia la construcción política en la diáspora, a objeto de ser un aporte al movimiento Mapuche en general. Yo particularmente no soy proclive a la idea de justificar una residencia permanente en Santiago, no porque se deje de ser Mapuche, no creo que se deje de ser Mapuche por estar acá o por estar en Europa. Lo que si debiera preocupar es el aumento constante de población Mapuche santiaguina y que en algún momento pueda superar po-blacionalmente a sus pares en el Territorio histórico.
- Pero el fenómeno de la migración es ante todo económico. La gente viene a Santiago en busca de puestos de trabajo que no existen hoy en Wallmapu.
Ello tiene que ver con el País Mapuche que se quiere construir y, por otro lado, con la relación que se quiere establecer con el estado. Esas cuestiones están flotando en la situación Mapuche, pero más allá de la producción intelectual Mapuche, no hay una claridad respecto de ello en las organizaciones. La posibilidad de que la población en Santiago retorne, por ejemplo, pasa por crear condiciones favorables en Wallmapu, pasa por un País Mapuche abierto a los cambios que ha producido la modernidad en nosotros. Requiere cosas que repensar, por ejemplo, qué rol va a tener el estado. Hoy día el estado es percibido por el movimiento Mapuche desde un punto de vista crítico, casi como un ente enemigo, ¿cuál será la visión del estado cuando exista un país Mapuche autónomo? Respecto de estos puntos yo no tengo mayores claridades, pero si me interesa posicionar estas discusiones.
- Lo concreto es que con un 40 o 60 o 70 por ciento de población Mapuche fuera de Wallmapu, difícil será pensar en un Territorio autónomo.
Es claro que ello lo usará el estado chileno para deslegitimar cualquier demanda autonómica. Actualmente, con un 30 por ciento de población Mapuche en Santiago, ya es preocupante. Y me parece que el movimiento Mapuche ha dejado pasar demasiado tiempo para reflexionar y actuar sobre esta situación. Reconozco el valor y el rol de los intelectuales que han puesto énfasis en esta temática desde hace mucho tiempo, pero ello no ha permeado a las organizaciones. En una fase previa se requiere una mayor concientización nacional a nivel de las organizaciones de Santiago y las del sur, estoy hablando de tener conciencia de que los Mapuche somos una nación, que tenemos un Territorio y que tenemos el derecho de vivir en él.
También se hace necesario derrocar las perspectivas más tradicionalistas de lo que es el mundo Mapuche. Hay muchas organizaciones que, siendo respetables, pretenden vivir en el siglo XVI o XVII, sin considerar los grandes cambios que ha experimentado la sociedad Mapuche. Construir un discurso nacional Mapuche que se haga cargo de la cantidad de cambios que hemos sufrido a nivel histórico nos permitirá proyectar nuestro pueblo al futuro.
- ¿Qué visión tienes de la nueva política publica indígena orientada hacia los "Mapuche urbanos"?
Está dentro del Pacto Reconocer y desde mi perspectiva, esta conceptualización del “Mapuche urbano” como receptor de políticas públicas es algo que surge desde las propias organizaciones de nuestro pueblo, pero que ha sido instrumentalizado por el gobierno. Yo comprendo las necesidades que tengan ciertos hermanos de obtener recursos del estado para fomentar cuestiones culturales, viviendas con perti-nencia étnica, jardines étnicos, educación intercultural porque es la situación en la que estamos. Pero creo que esas políticas tienen una intencionalidad oculta, que es fomentar, incentivar la idea de que el Mapuche puede vivir acá y dejar su Territorio, esa es mi perspectiva. No soy un opositor a estas polí-ticas públicas porque mucha gente las necesita, pero haría un llamado de atención respecto de lo que implican. Yo creo que las políticas estatales debieran -en el caso Mapuche- estar centradas en el tema de la territorialidad. Incluso el tema del retorno podría ser apoyado por una política estatal si las autoridades tuvieran la real intención de perseverar en la existencia de nuestro pueblo.
- ¿Cuál es el rol de los jóvenes profesionales en esta construcción nacional? Los medios de comunicación relacionan hasta el día de hoy a los Mapuche con el concepto de “comuneros”…
Estamos en un escenario en que la sociedad Mapuche ha logrado generar una importante capa de profesionales e intelectuales, sorteando las dificultades que han vivido, a ratos de manera sorprendente. Ahora la sociedad Mapuche organizada no ha tenido la capacidad de responder a esa oferta de profesionales, por lo tanto parte importante de ellos buscan trabajo en otras instancias, por ejemplo, en la propia institucionalidad indígena del estado. No es mi ánimo cuestionar esa situación, sabemos que en Chile la gente trabaja muchas veces en lo que puede y no precisamente en lo que quiere. Pero tengo confianza en que esto cambiará, los pueblos necesitan profesionales e intelectuales que acompañan sus procesos de lucha, ya sea a través de la reflexión, del análisis crítico o de la generación de propuestas. Creo que las organizaciones Mapuche debieran trabajar con los intelectuales desde esa perspectiva. De a poco, la sociedad Mapuche tienen que generar las condiciones para que sus intelectuales sean orgánicos.
- ¿Será también necesaria una autocrítica de los propios intelectuales?
Por cierto. El caso de la escritura, por ejemplo. Muchos profesionales están saliendo del área humanista desde las universidades pero muy pocos se atreven a escribir o lo hacen con periodicidad. Tenemos por otro lado un cuerpo de intelectuales chilenos que se oponen a nuestras demandas e incluso a nuestra propia existencia como pueblo. Ellos escriben, producen artículos, son publicados en revistas indexadas, escriben en editoriales de diarios masivos, etc. ¿Y qué sucede con nosotros? Tenemos gente pensante pero hoy día no se están animando a reflexionar, la escritura sigue estando muy reducida a unos pocos y por ello es un reto pendiente. Si por ahora la sociedad Mapuche, el movimiento, sus organizaciones no pueden hacerse cargo de los profesionales e intelectuales, a estos les queda la propia iniciativa, gestar sus propios espacios y desde ellos contra-restar el discurso hegemónico de la intelectualidad chilena